—No hay causa de que te puedas espantar, porque sabe que por tu bien te mandan ordenar tercera vez, que es cosa que a nadie se permitió, y mira bien que te pertenece morar en Roma, en el templo de la diosa Isis, con el hábito y vestiduras de su religión, que tomaste en la provincia de Acaya; y no puedes en los días solemnes suplicar ni hacer cosa alguna sin este felice y glorioso hábito, lo cual, porque para ti sea dichoso y de buenaventura, recíbelo otra vez con ánimo gozoso y placentero, pues lo mandan y son autores de ello los dioses grandes y soberanos.

Hasta aquí, de la manera que he contado, me persuadió la revelación de la profesión, diciéndome todo lo que era menester para mi entrada. En adelante no dilaté ni olvidé el negocio, antes luego me fui al sacerdote principal, y dichas todas las cosas que había visto, me puse a la obediencia y yugo de la castidad, y abstinencia de comer cosas de sangre; y por la ley perpetua de aquellos diez días, yo de propia gana multipliqué otros más adelante. De manera que largamente aparejé todo lo que era menester para mi profesión y entrada, porque muchas cosas de aquellas me fueron dadas más por virtud y piedad de algunos, que por precio de dineros, aunque a mí no me pesaba del trabajo ni del gasto, pues que liberalmente la providencia de los dioses me había proveído en los negocios y causas de mi abogar.

Finalmente, después, a bien pocos días, el dios principal, Osiris, me apareció en sueños, mandándome que sin alguna tardanza tomase cargo de patrocinar y ayudar en las causas y pleitos de los que poco pueden, y no temiese las envidias y murmuraciones de los que mal me querían, las cuales allí se causaban y divulgaban por la doctrina y trabajo de mi estudio. Y no solamente su gran majestad tenía por bien que yo fuese juntado en la compañía de los sacerdotes, mas que fuese uno de los principales entre los Decuriones, que de cinco en cinco años se elegían.

Finalmente, que yo, trayendo mi cabeza rasa de cada parte, según la ceremonia e institución del antiguo colegio que se instituyó en los tiempos de Sila, me ejercitaba y servía mis oficios y cargos, perseverando en ellos con mucho placer y alegría.

FIN.


LAS FLORIDAS


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