Entra en la casa mientras duerme, y escamotéale sus oráculos al Paflagonio.
NICIAS.
Lo haré. Mas temo que esa idea te la haya inspirado un Mal Genio.
DEMÓSTENES.
Anda. En tanto llenaré yo mismo la copa. Tal vez este riego haga germinar en mi cerebro alguna buena idea.
(Entra en la casa Nicias y vuelve en seguida.)
NICIAS.
¡Con qué furia ronca y se desahoga el Paflagonio! Así es que le he sustraído sin dificultad aquel sagrado oráculo que guardaba cuidadosamente.
DEMÓSTENES.
¡Tu destreza no tiene rival! Dámelo para que lo lea. En tanto échame vino a toda prisa. — Veamos lo que dice. ¡Oh, qué precioso hallazgo! Dame, dame pronto la copa.