EL CHORICERO.
¿Y quién me ayudará? Los ricos le temen; la pobre plebe tiembla en su presencia.
DEMÓSTENES.
Pero hay mil honrados Caballeros[280] que le detestan y que te defenderán; en tu auxilio vendrán todos los ciudadanos buenos y probos, todos los espectadores sensatos y yo con ellos, y hasta los mismos dioses. No temas; ni siquiera verás su rostro, pues ningún artista se ha atrevido a esculpir su máscara. Sin embargo, ya se le conocerá; los espectadores no son lerdos.
(Sale Cleón.)
EL CHORICERO.
¡Desdichado de mi! Ya sale el Paflagonio.
CLEÓN.
No quedará impune, lo juro por los doce grandes dioses, la conspiración que estáis tramando contra el pueblo hace tanto tiempo. ¿Qué hace aquí esta copa de Calcis?[281] No cabe duda de que tratabais de sublevar a los calcidenses. Pereceréis, moriréis sin remedio, pareja de malvados.