Te reventaré el buche.
DEMÓSTENES.
¡Por Júpiter! Metámosle un palo en la cabeza como hacen los cocineros, arranquémosle la lengua, y mirando a placer por el agujero del ano, veamos si tiene lamparones.[297]
CORO.
Hay, pues, otras cosas más ardientes que el fuego, y en la ciudad palabras más desvergonzadas que la desvergüenza misma. No hay que despreciar este asunto. Empújale, derríbale, nada hagas a medias: en cuanto consigas que flaquee en el primer encuentro, verás que es un cobarde. Nosotros le conocemos bien.
EL CHORICERO.
Siempre lo ha sido, y sin embargo, ha pasado por valiente, sin más que por haberse dado maña a recoger la cosecha ajena. Ahora deja que se sequen en las prisiones aquellas espigas y pretende venderlas.[298]
CLEÓN.
No os temo mientras exista el Senado, y el Pueblo continúe siendo estúpido.
CORO.