EL CHORICERO.

Vamos, pues: nada nos lo impide.

CORO.

Felicísimo será este día para los presentes y los que han de llegar[385] si en él acaece la pérdida de Cleón; aunque he oído en el bazar de los pleitos sostener a ciertos viejos tardones que si este hombre no hubiera alcanzado tanto poder, nos faltarían en la república dos utilísimos enseres: el mortero y la espumadera[386].

Admiro también su grosera educación; los muchachos que con él asistían a la escuela, dicen que nunca pudo templar su lira más que al modo dórico, sin querer aprender ningún otro; por lo cual irritado el maestro de música le despidió, diciendo: «ese mozuelo es incapaz de aprender otros tonos que aquellos cuyo nombre signifique regalar»[387].


CLEÓN.

Aquí tienes, mira; aún no los traigo todos.

EL CHORICERO.

¡Ah, no puedo resistir más![388] y aún no los traigo todos.