ESTREPSIADES.
¡Linda salamandra que hace sus necesidades en la boca de Sócrates!
EL DISCÍPULO.
Ayer por la tarde no teníamos cena.
ESTREPSIADES.
¡Hem! ¿Y qué inventó para encontrar comida?
EL DISCÍPULO.
Extendió polvo sobre la mesa, dobló una barrita de hierro[476], y recogiendo después el compás, escamoteó un vestido de la palestra.
ESTREPSIADES.
¿Por qué admiramos ya a Tales?[477] Abre, abre prontamente la escuela, y preséntame a Sócrates cuanto antes. Me impaciento por ser su discípulo. ¡Vivo! abre la puerta. — ¡Oh Hércules! ¿De qué país son estos animales?[478].