¡Salud, oh diosas! Si alguna vez lo habéis hecho por un mortal, romped vuestro silencio y dejad oír vuestra celeste voz, reinas omnipotentes.

CORO.

Salud, investigador de la sabiduría: y tú, sacerdote de las vaciedades más inútiles, di para qué nos necesitas. Porque a ningún sofista de los que investigan las cosas del cielo escuchamos con tanto placer como a ti, excepto a Pródico[495]: a este le atendemos por su ingenio y por su ciencia; a ti por tu andar arrogante, por tu mirar desdeñoso, tu sufrimiento en caminar desnudo, y la majestad que imprimes a tu fisonomía.

ESTREPSIADES.

¡Oh Tierra, qué voz tan sagrada, venerable y prodigiosa!

SÓCRATES.

Es que ellas son las únicas diosas; todas las demás son pura ficción.

ESTREPSIADES.

Pero entonces, dime, por la sagrada Tierra: ¿Júpiter olímpico no es dios?

SÓCRATES.