Es vigoroso y de buena constitución, y desciende por parte de madre de la noble familia de Cesira. Me dirigiré a él, y si se niega, no como pan hasta que no lo eche de casa. Entra, tú, adentro y espérame un poco.

CORO.

¿Reconoces[531] que nosotras te proporcionamos más bienes que todos los demás dioses? Porque ese está dispuesto a hacer todo cuanto le mandes. El pobre hombre queda atónito y deslumbrado por tu ingenio; procura sacar de él todo cuanto puedas, y que sea pronto, porque no suelen durar mucho tan buenas disposiciones.


ESTREPSIADES.

No, no permanecerás más en esta casa, lo juro por la Niebla: lárgate, y cómete las columnas[532] de tu tío Megacles.

FIDÍPIDES.

¡Desgraciado! ¿Qué te pasa, padre mío? Por Júpiter olímpico, tú has perdido el seso.

ESTREPSIADES.

¡Mira, mira «Júpiter olímpico»! ¡Qué estupidez! ¿A tu edad crees en Júpiter olímpico?