ESTREPSIADES.

¡Funesto delirio! ¡Qué necio fui al negar los dioses, persuadido por Sócrates! Pero, queridísimo Mercurio, no te encolerices conmigo: no me aniquiles; perdona a un pobre hombre fascinado por la charlatanería de los sofistas; sé mi consejero: ¿qué te parece? ¿entablaré contra ellos un proceso o adoptaré otra resolución?... ¡Excelente consejo![568] Dices que no espere la tardía determinación de una sentencia e incendie cuanto antes la casa de esos habladores. ¡Hola, Jantias! ven acá, trae una escalera y un azadón, sube en seguida al tejado de la escuela; y si amas a tu dueño, sacude de firme hasta que el techo se desplome sobre los habitantes. Dadme también una antorcha encendida; quiero vengarme de esos infames a pesar de toda su arrogancia.

DISCÍPULO PRIMERO.

¡Ay! ¡Ay!

ESTREPSIADES.

Antorcha mía, lanza una llama devoradora.

DISCÍPULO PRIMERO.

¡Eh! tú: ¿qué estás haciendo?

ESTREPSIADES.

¿Qué hago? Disputo sobre sutilezas con las vigas de la casa.