BDELICLEÓN.

¡Oh, vete al infierno! Me matas con tus escarabajos.

(Bdelicleón se lleva a su padre.)

CORO.

Envidio tu felicidad, anciano. ¡Qué cambio en su áspera existencia! Siguiendo prudentes consejos, va a vivir entre placeres y delicias. Quizá los desatienda, porque es difícil cambiar el carácter que se tuvo desde la cuna. Sin embargo, muchos lo consiguieron; consejos ajenos han logrado modificar a veces nuestras costumbres, ¡Cuántas alabanzas no alcanzará por esto, en mi opinión y en la de los sabios, el hijo de Filocleón, tan discreto y cariñoso con su padre! Jamás he visto un joven tan comedido, de tan amables costumbres. Ninguno me ha regocijado como él. En todas las respuestas que daba a su padre resplandecía la razón y el deseo de inspirarle más decorosas aficiones.


JANTIAS.

¡Por Baco! Sin duda algún Dios ha revuelto y embrollado nuestra casa. El viejo, después de haber bebido y haber oído largo rato tocar la flauta, ebrio de placer, repite toda la noche las antiguas danzas que Tespis[216] hacía ejecutar a sus coros. Pretende demostrar, bailando incesantemente, que los trágicos modernos son todos unos lelos sin sustancia.

FILOCLEÓN (Declamando).

¿Quién se sienta a la entrada del vestíbulo?[217]