ESCLAVO PRIMERO.
Dale otro de excremento de asno.
ESCLAVO SEGUNDO.
Ahí lo tienes también. ¿Pero dónde está el que le trajiste hace un momento? ¿Se lo ha comido ya?
ESCLAVO PRIMERO.
¡Pues ya lo creo! Me lo arrebató de las manos, le dio una vueltecilla entre las patas, y se lo tragó enterito. Hazle, hazle otros más grandes y espesos.
ESCLAVO SEGUNDO.
¡Oh limpia-letrinas, socorredme en nombre de los dioses, si no queréis que me asfixie!
ESCLAVO PRIMERO.
Otro, otro, confeccionado con excrementos de bardaje; ya sabes que le gusta la masa muy molida.