Eso es cuenta mía. Adiós. (A los espectadores.) Vosotros, en cuyo obsequio sufro estos trabajos, absteneos durante tres días de todo desahogo, sólido ni fluido:[250] pues, si al cernerse en las alturas percibe mi corcel algún olor, se precipitará sobre la tierra y burlará mis esperanzas. Adelante, Pegaso mío; haz resonar tu freno de oro, endereza las orejas. ¡Oh! ¿Qué haces, qué haces? ¿Por qué vuelves la cabeza hacia las letrinas? Levántate atrevidamente de la tierra, y desplegando tus veloces alas, vuela en línea recta al palacio de Júpiter. Aparta por hoy el hocico de la basura, y de todos tus alimentos cotidianos. ¡Eh, buen hombre! ¿Qué haces ahí? A ti te digo, que haces tus necesidades en el Pireo, junto al Lupanar. ¿Quieres que me mate? ¿Quieres que me mate? Ocúltalo pronto, cúbrelo con un gran montón de tierra, planta encima serpol y riégalo con perfumes, pues si llego a caer ahí y a causarme grave daño, en castigo de mi muerte tendrá que pagar cinco talentos la ciudad de Quíos[251] por tu condenado trasero. ¡Ay! ¡Ay! ¡Qué miedo! ¡Ya no tengo ganas de bromas! Mucha atención, maquinista. Un viento rebelde gira alderredor de mi ombligo: si no tienes suma precaución, voy a echarle un pienso al escarabajo.[252] Mas no debo estar lejos de los dioses, pues ya distingo la morada de Júpiter. ¿Quién es ese que está en la puerta? Abrid.

(La escena cambia y representa el cielo.)


MERCURIO.

Se me figura que huelo a hombre (viendo a Trigeo). ¡Oh Hércules! ¿Qué monstruo es ese que veo?

TRIGEO.

Un hipocántaro.[253]

MERCURIO.

Infame, atrevido, desvergonzado, bribón, rebribón, bribón más que todos los bribones juntos, ¿cómo has subido hasta aquí? ¿Cómo te llamas? ¡Pronto!

TRIGEO.