TRIGEO.
Os lo permito para que no me importunéis más.
CORO.
Pero justo es que la pierna izquierda haga lo mismo. Hoy no quepo en mí de júbilo; río y alboroto; para mí el dejar el escudo es tan grato como despojarme de la vejez.[275]
TRIGEO.
No os alegréis todavía; aún no es segura vuestra felicidad. Cuando la hayamos libertado, alegraos entonces, reíd y gritad. Porque entonces sí que podréis a vuestro antojo navegar o permanecer en casa, entregaros al sueño o al amor, asistir a las fiestas o a los banquetes, jugar al cótabo,[276] vivir como verdaderos sibaritas y exclamar: ¡Iu! ¡Iu!
CORO.
¡Ojalá llegue a ver ese día! Muchos trabajos he sufrido, y muchas veces, como Formión,[277] he dormido sobre la dura tierra. Ya no seré para ti, como antes, un juez intratable y severo de duro y áspero carácter, sino mucho más afable e indulgente, en cuanto me vea libre de las molestias de la guerra. Sobrado tiempo ha que nos destrozan y matan haciéndonos ir y venir al Liceo[278] con lanza y escudo. Pero di en qué podemos complacerte, pues una suerte feliz ha hecho que seas nuestro jefe.
TRIGEO.
Procuremos separar estas piedras.