EL ESCLAVO.
¿Quién? Arifrades[340] te suplica que se la lleves.
TRIGEO.
No por cierto: pronto la dejaría extenuada.[341] Vamos, Teoría, deja ahí todo eso.[342]
Senadores y pritáneos, contemplad a Teoría: ved los infinitos bienes que con ella os entrego; podéis al instante levantar las piernas de esta víctima y consumar el sacrificio. Mirad qué hermoso es este fogón; el hollín lo ha ennegrecido; en él, antes de la guerra, solía el Senado colocar sus cacerolas. Mañana podremos emprender con ella deliciosas contiendas, luchar en el suelo, o a cuatro pies, o inclinados, o apoyándonos sobre la rodilla echarla de costado, y, ungidos como los atletas en el pancracio, atacarla denodadamente con los puños y otros miembros. Al tercer día empezaréis las carreras de caballos; cada jinete empujará a su adversario; los tiros de los carros, derribados unos sobre otros y relinchando jadeantes, se darán sacudidas mutuas; mientras otros aurigas, rechazados de su asiento, rodarán al suelo cerca de la meta.[343] Pritáneos, recibid a Teoría. ¡Oh, con qué gozo la acompaña ese! No hubieras estado tan solícito para llevarla al Senado, si se tratase de un asunto gratuito:[344] no hubiera faltado el pretexto de las ocupaciones.
CORO.
Un hombre como tú es útilísimo a la república.
TRIGEO.
Cuando vendimiéis, conoceréis mejor lo que valgo.
CORO.