¿Cuánto ofreces?
TRIGEO.
¿Que cuánto ofrezco? Me da vergüenza el decirlo. Sin embargo, como el trenzado está hecho con gran primor, te daré tres quénices de higos secos y me servirán para limpiar esta mesa.
EL FABRICANTE DE PENACHOS.
Vengan los higos: más vale poco que nada.
TRIGEO.
Vete al infierno con tus penachos; tienen lacia la cerda, no valen un pito. No daría una higa por todos ellos.
EL VENDEDOR DE CORAZAS.
¡Ay de mí! ¿Qué haré con esta coraza tasada en diez minas y trabajada con tanto esmero?