CORO.
Diles, diles que vengan a hablarnos. Sin más que oír tus palabras, ya vuelo de gozo.
LA ABUBILLA.[446]
Recoged vosotros esas armas y colgadlas de nuevo en la cocina, junto al hogar,[447] bajo la protección de los dioses domésticos. (A Pistetero.) Expón y demuestra a la asamblea el objeto para el cual ha sido convocada.
PISTETERO.
No, por Apolo; nada diré mientras no prometan, como aquel mono armero a su mujer, no morderme, ni desgarrarme, ni taladrarme...
CORO.
¿El...? Nada temas.
PISTETERO.
No, los ojos.