¿A qué invocas a Júpiter? Esta es la pura verdad. No puedo privarles más tiempo de sus maridos; pues se me escapan. La primera a quien sorprendí abría un agujero junto a la gruta de Pan;[675] la segunda se descolgaba por medio de una polea; otra preparaba su deserción; otra, cogida a un pájaro, se disponía volar a casa de Orsíloco,[676] y la he detenido por los cabellos; en fin, discurren todos los pretextos imaginables para volver a sus hogares. Ahí viene una. ¡Eh! tú, ¿a dónde vas tan de prisa?
MUJER PRIMERA.
Quiero ir a mi casa: tengo allí una porción de lana de Mileto, que se la está comiendo la polilla.
LISÍSTRATA.
No hay polilla que valga. ¡Atrás!
MUJER PRIMERA.
Volveré al instante, te lo juro por las diosas; volveré en cuanto la haya tendido sobre el lecho.
LISÍSTRATA.
No la tiendas, ni te muevas de aquí.