CORO DE VIEJOS.

¡Mala peste os lleve! ¿Habrase visto qué zalameras son? Con razón se dice: «Ni con esas perversas, ni sin esas perversas.» Pero hagamos las paces, y convengamos en no causarnos en adelante ningún mal; ni nosotros a vosotras, ni vosotras a nosotros. Sancionemos nuestra amistad, uniendo nuestros cantos.


CORO DE MUJERES.

No pretendemos, ciudadanos, hablar mal de ninguno de vosotros; al contrario, os deseamos y haremos todo género de beneficios; que para males, los presentes bastan.[697] Acuda a nosotras todo hombre o mujer que necesite dinero, y recibirá tres minas; pues adentro hay oro en abundancia, y nosotras también tenemos bolsa. Y si la paz llega a hacerse, nadie tendrá que devolver la cantidad recibida. Hemos convidado a cenar a unos caristios,[698] personas buenas y valientes; tenemos puches y un lechoncillo, recientemente inmolado, cuya carne será tierna y sabrosa. Venid, pues, hoy a mi morada, y venid pronto, después del baño, vosotros y vuestros hijos; entrad sin preguntar por nadie; seguid todo derecho, como en vuestra casa, sin reparo alguno; porque la puerta estará... cerrada.


CORO DE VIEJOS.

Allí vienen los embajadores espartanos, pisándose las barbas; parece que traen una gamella colgada a la cintura.

¡Salud, en primer lugar, lacedemonios! Y en seguida, decidnos qué tal os encontráis.

UN LACEDEMONIO.