Cógelo tú, que yo estoy llamando los testigos. Testigos de Labes, compareced: son un plato, una mano de mortero, un cuchillo, unas parrillas, una olla y otros utensilios medio quemados. ¿Acabas de hacer aguas? ¿O no vas a sentarte nunca?

FILOCLEÓN.

Aún no; pero creo que ese pasará hoy a mayores.[140]

BDELICLEÓN (A Filocleón).

¿Serás siempre duro o intratable con los reos? ¿Cebarás siempre en ellos tu furor? (Al acusado.) Sube y defiéndete. ¿Por qué te callas? Habla.

FILOCLEÓN.

Parece que no tiene nada que alegar.

BDELICLEÓN.

Sí que tiene, pero se me figura que le pasa lo que a Tucídides[141] en otra ocasión, cuando la sorpresa le cerró la boca. Retírate: yo me encargo de tu defensa. Ya comprenderéis, oh jueces, lo comprometido que es defender a un perro acusado de crimen tan atroz. Hablaré no obstante. En primer lugar, es valiente y ahuyenta los lobos.

FILOCLEÓN.