Oye, honrado juez, a mis testigos. Acércate, buen cuchillo, y declara en voz alta. Tú eras entonces pagador. Responde claro. ¿No partiste las porciones que debían ser distribuidas a los soldados? — Dice que sí las partió.
FILOCLEÓN.
Pues miente el bellaco.
BDELICLEÓN.
¡Oh compasivo juez, ten piedad de su infortunio! El infeliz Labes siempre come espinas y cabezas de pescados; no para un momento en un sitio: ese otro solo sirve para guardar la casa,[142] y ya sabe lo que se hace; así reclama una parte de todo lo que traen, y al que no se la da, le clava el diente.
FILOCLEÓN.
¡Ah, estoy enfermo! ¡Se me figura que blandeo! ¡Oh desgracia! ¡Yo enternecido!
BDELICLEÓN.
Yo te lo ruego, padre mío, compadeceos de él, no le condenéis.[143] ¿Dónde están sus hijos? Acercaos, infelices. Aullad, suplicad, llorad sin consuelo.
FILOCLEÓN.