¿Hay, pues, allí intestinos de lana?

BDELICLEÓN.

No, hombre, no, esto lo fabrican los bárbaros sin perdonar gasto. Quizá en esta túnica haya entrado un talento de lana.

FILOCLEÓN.

Entonces debía llamársela pierde-lana, más bien que pelliza.

BDELICLEÓN.

Vamos, padre mío, estate quieto un instante y póntela.

FILOCLEÓN.

¡Oh! ¡Qué calor tan horrible me da esta maldita túnica!

BDELICLEÓN.