Pues así suelen hablar los sabios. Ahora dime otra cosa. Cuando estés en un festín con extranjeros, ¿qué hazaña de tu juventud preferirás contarles?

FILOCLEÓN.

¡Oh! ¡Ya sé, ya sé! Mi más famosa hazaña, cuando robé a Ergasión[179] los rodrigones.

BDELICLEÓN.

¡Vete al infierno con tus rodrigones! Eso es ridículo. Lo mejor es que hables de tus cacerías de liebres o jabalíes, o de alguna carrera de antorchas[180] en que tomaste parte; en fin, de cualquier hecho que revele tu valor juvenil.

FILOCLEÓN.

Ahora me acuerdo de uno de los más atrevidos: siendo todavía un rapazuelo, demandé a Failo[181] el andarín por injurias, y le vencí por dos votos.

BDELICLEÓN.

Basta; recuéstate ahí para que aprendas la manera de conducirte en los banquetes y conversaciones.

FILOCLEÓN.