Estira las piernas y déjate caer blandamente sobre los almohadones como un ligero gimnasta: elogia después los vasos de bronce que haya por allí; admira las cortinas del patio.[182] En esto presentan agua para las manos; traen las mesas, comemos; nos lavamos; principian las libaciones...[183]

FILOCLEÓN.

¿Pero acaso estamos cenando en sueños?

BDELICLEÓN.

La flautista preludia: los convidados son Teoro, Esquines, Fano, Cleón, Acestor, y al lado de este otro a quien no conozco. Tú estás con ellos. ¿Sabrás continuar las canciones principiadas?[184]

FILOCLEÓN.

Ya lo creo; mejor que cualquier montañés.[185]

BDELICLEÓN.

Veamos; yo soy Cleón; el primero canta el Harmodio,[186] tú continuarás: «Nunca hubo en Atenas un hombre...»

FILOCLEÓN.