No, es otro; ¿no lo has visto nunca?

MNESÍLOCO.

¿Tiene una gran barba?

EURÍPIDES.

¿Pero no lo has visto nunca?

MNESÍLOCO.

No, que yo sepa.

EURÍPIDES.

Pues estuviste con él,[8] aunque quizá sin conocerlo. Pero apartémonos, porque sale uno de sus criados, trayendo fuego y ramas de mirto: sin duda va a ofrecer un sacrificio para el buen éxito de sus poesías.