EL ARQUERO.
¡Zorro maldito! ¡Cómo trataba de engañarme!
MNESÍLOCO.
No olvides, Perseo, el infortunio en que me dejas.
EL ARQUERO.
Está visto que quieres llevar unos cuantos latigazos.
CORO.
Palas, amiga de los coros, yo te invoco obedeciendo al sagrado rito. Ven, casta doncella, libre del yugo de himeneo, protectora de nuestra ciudad, única guarda de su poder y de sus puertas. Apareces enemiga natural de los tiranos; el pueblo de las mujeres te llama; acude en compañía de la Paz, amiga de las fiestas.
Vosotras también, diosas augustas,[163] venid benévolas y propicias a vuestro sagrado bosque, donde la vista de los hombres no puede escudriñar los sagrados misterios; donde a la luz de las brillantes antorchas, mostráis vuestro rostro inmortal. Llegad, acercaos, os lo pedimos humildemente, venerandas Tesmóforas. Si alguna vez, accediendo a nuestros ruegos, os dignasteis venir, venid ahora también y no desoigáis nuestros votos.