BACO.
Vamos, ya sé que estás enfadado y no te falta razón: aunque me pegases no te replicaría. Mira, si en adelante vuelvo a quitarte estos atavíos, haga el cielo que seamos exterminados yo, mi mujer, mis hijos, toda mi casta, y el legañoso Arquedemo.[271]
JANTIAS.
Recibo tu juramento, y acepto el papel de Hércules con esa condición.
CORO.
Ahora, después de haber vestido de nuevo tu traje de Hércules, tienes que aparentar juveniles bríos y lanzar torvas miradas a ejemplo del dios que representas; pues si representas mal tu papel y te muestras flojo o cobarde, volverás a cargar con el hato.
JANTIAS.
Os agradezco el consejo, amigos míos; pero eso ya lo tenía yo pensado. Si la cosa va bien, ya veréis cómo quiere volver a desnudarme; lo tengo previsto; sin embargo, no por eso dejaré de manifestarme fuerte y arrogante, y de mirar con el gesto avinagrado del que mastica orégano. Llegó a lo que parece el momento de obrar, pues oigo rechinar la puerta.
ÉACO. (A sus esclavos.)