AGATÓN.

¡Anciano! ¡Anciano! He oído el silbido de la envidia, sin sentir el dolor de sus mordeduras. Yo llevo un traje en consonancia con mis pensamientos. Pues un poeta debe tener costumbres análogas a los dramas que compone. Si el asunto de sus tragedias son las mujeres, su persona debe imitar la vida y el porte mujeril.

MNESÍLOCO.

¿De suerte que al componer la Fedra montarás a caballo?[29]

AGATÓN.

Si los asuntos son varoniles, ya tiene en su cuerpo todo lo necesario. Pero lo que no tenemos por naturaleza, preciso es adquirirlo por la imitación.

MNESÍLOCO.

Por consiguiente, cuando escribas dramas satíricos,[30] llámame y yo me pondré detrás de ti en la actitud requerida.[31]

AGATÓN.

Además parecerá muy mal un poeta grosero y velludo. Íbico,[32] Anacreonte de Teos y Alceo, tan hábiles en la armonía, llevaban mitras y bailaban las voluptuosas danzas de la Jonia;[33] el mismo Frínico,[34] de quien has oído hablar, unía a su propia hermosura la de sus vestidos; así es que en sus dramas todo era hermoso. Cada cual imprime a sus obras su propio carácter.