PLUTÓN.

Parte gozoso, Esquilo; salva nuestra ciudad con tus buenos consejos y castiga a los tontos: ¡hay tantos! Entrega esta cuerda[400] a Cleofón,[401] esta a los recaudadores Mírmex y Nicómaco,[402] y esta a Arquénomo,[403] y diles que se vengan por aquí pronto y sin tardar. Pues si no bajan en seguida, los agarro, los marco a fuego,[404] y atándolos de pies y manos con Adimante,[405] hijo de Leucólofo, los precipito, hechos un fardo, a los infiernos.

ESQUILO.

Cumpliré tus órdenes: coloca tú en mi trono a Sófocles para que me lo conserve y guarde, por si acaso vuelvo; porque después de mí, le creo el más hábil. En cuanto a ese intrigante, impostor y chocarrero, haz que jamás ocupe mi puesto, aun cuando quieran dárselo contra su voluntad.

PLUTÓN. (Al Coro.)

Alumbradle con vuestras sagradas antorchas, y acompañadle cantando sus propios himnos y coros.

CORO.

Dioses infernales, conceded un buen viaje al poeta que retorna a la luz, y a nuestra ciudad grandes y sensatos pensamientos. De esta suerte nos libraréis de los grandes males y del horrible estruendo de las armas. Cleofón y los que como él piensan, váyanse a pelear a su patria.[406]

FIN DE LAS RANAS.