¡Por todos los dioses! no dejes que esa vieja me obligue a seguirla.
VIEJA SEGUNDA.
La ley te obliga, yo no.
EL JOVEN.
Di más bien una Empusa[532] con todo el cuerpo plagado de úlceras hediondas.
VIEJA SEGUNDA.
Sígueme, corazoncito mío, y déjate de charla.
EL JOVEN.
Déjame ir a hacer una necesidad, para que pueda recobrarme un poco; si no, el miedo me obligará a pintar de rojo el dintel de esa puerta.
VIEJA SEGUNDA.