CREMILO.
Pero, amigo, comprende que cometeremos un crimen infinitamente mayor si huimos, abandonando cobardemente al dios, sin intentar siquiera la lucha.
BLEPSIDEMO.
¿Y con qué armas? ¿Con qué fuerzas? ¿Hay coraza o escudo que esa maldita no haya llevado a empeñar?
CREMILO.
Tranquilízate; el dios sin más que sus propios recursos la vencerá.
LA POBREZA.
¿Aún os atrevéis a chistar, desalmados, después de haber sido cogidos in fraganti del más abominable delito?
CREMILO.
Y tú, mujer que el cielo confunda, ¿por qué nos insultas no habiéndote ofendido en nada?