¡Idos al infierno! ¡Qué fastidiosos son todos estos amigos que le asedian a uno en cuanto mejora de fortuna! ¡Cómo me codean y me martirizan las piernas a fuerza de querer demostrarme su cariño! ¿Quién ha dejado de saludarme? ¡Qué muchedumbre de ancianos me rodeó en la plaza!
LA MUJER.
¡Salud al más querido de los hombres! ¡Salud también a vosotros! ¡Oh Pluto, permíteme, como es costumbre, ofrecerte estos dones de bienvenida!
PLUTO.
No. Esta casa es la primera que visito después de mi curación, y de ella nada debo llevarme; al contrario, debo traerla mis dones.
LA MUJER.
¿Rehúsas estos regalos?
PLUTO.
Los aceptaré dentro, junto al hogar, como es costumbre. Así evitaremos además una escena ridícula. No está bien que el poeta haga reír a los espectadores arrojándoles golosinas e higos secos.[611]
LA MUJER.