Basta de riñas; una mujer se dirige hacia nosotras corriendo: callad antes que llegue, para oír con sosiego lo que va a decirnos.


CLÍSTENES.

Queridas mujeres, a quienes imito en todo, mis mejillas imberbes demuestran la afección que os tengo; maniático por vosotras, estoy siempre dispuesto a defendemos. Hace un instante he oído hablar en el mercado de un negocio importantísimo que os concierne, y vengo a revelároslo; y al propio tiempo a aconsejaros toméis las precauciones necesarias para que no os coja desprevenidas un grande y terrible daño.

CORO.

¿Qué hay, niño mío? (Tienes tan tersas las mejillas, que bien puede llamársete así.)

CLÍSTENES.

Dicen que Eurípides ha enviado hoy a aquí mismo a un anciano pariente suyo.

CORO.

¿Para qué? ¿Con qué objeto?