[593] Esto es: «viejos chochos.»

[594] En las encrucijadas de tres calles colocaban los griegos estatuas de Hécate, a causa de la triple advocación de Febea, Diana y Hécate bajo la cual era adorada. Los ricos ofrecían a la diosa cada novilunio el sacrificio de una comida, compuesta generalmente de huevos y queso, que era dejada al pie de sus imágenes. Los pobres se la comían, colgándole el milagro a la diosa.

[595] Verso del Télefo de Eurípides.

[596] Pintor pobrísimo, cuya miseria se había hecho proverbial.

[597] Los manjares para obsequiar al dios a su regreso del templo.

[598]Se celebraban el 8 de cada mes, en memoria de haber reunido a los habitantes dispersos por el campo en la ciudad. En la comida que en ellas se daba, la mesa de los ancianos de que habla Carión estaba muy mal servida a causa de su pobreza, y se veían obligados, faltos de cucharas y escudillas, a comer la salsa del plato común en pedazos de pan.

[599] Juego de palabras: ἐς τὴν κεφαλήν era una especie de maldición.

[600] Es decir, barullos, confusiones.

[601] Para purificarle.

[602] Los griegos tenían sin duda la misma idea, vulgar entre nosotros, de no ser conveniente los baños a los viejos. «De cincuenta para arriba, no te mojes la barriga», dice un refrán.