¡Ojalá hubieses muerto tú también!
MNESÍLOCO.
«Y yo estoy en estos lugares; ¡y mi esposo, el mísero Menelao,[133] no viene todavía! ¡Ah! ¿Por qué vivo aún?»
MUJER SÉPTIMA.
Por la cobardía de los cuervos.
MNESÍLOCO.
«¿Pero qué dulce presentimiento hace palpitar mi corazón? ¡Oh Júpiter, no burles mi esperanza!»
EURÍPIDES. (Fingiéndose Menelao.)
«¿Quién es el dueño de esta fortificada mansión?[134] ¿Acogerá a unos náufragos extranjeros, que han sufrido sobre las olas del mar todos los horrores de la borrasca?»[135]