—¿Tiene V. mucho frío?
—Sí, señor... y además no he comido hoy.
—Entonces, yo le ayudaré... vamos... ¡arriba!
El caballero cogió a Juan por los brazos y le puso en pie; era un hombre vigoroso.
—Ahora apóyese V. bien en mí y vamos a ver si hallamos un coche.
—¿Pero dónde me lleva V.?
—A ningún sitio malo ¿tiene V. miedo?
—¡Ah! no: el corazón me dice que es V. una persona caritativa.
—Vamos andando... a ver si llegamos pronto a casa para que V. se seque y tome algo caliente.
—Dios se lo pagará a V. caballero... la Virgen se lo pagará... Creí que iba a morirme en ese sitio.