—¿Va V. a gusto conmigo?
—Mejor que con nadie en el mundo.
—¿No le estorbo?
—Al contrario, siento un placer como usted no puede figurarse.
—¿No tiene V. nada que hacer ahora?
—Absolutamente nada.
—Entonces vamos a pasear: cuando llegue la hora, V. me lleva a casa y mamá se figura que me trajo el criado de las primas... Pero si le estorbo o no le gusta pasear conmigo, dígamelo V... me voy en seguida...
Yo le contesté apretándole el brazo y tirándole suavemente por la mano para encajárselo bien en el mío. Teresa continuó hablando con graciosa volubilidad.
—Parece mentira que seamos tan amigos ¿no es verdad? Yo pensé cuando le dejé caer la muñeca encima que le había matado... ¡Qué miedo tuve! ¡Si V. viera!... Vamos a ver ¿por qué en lugar de enfadarse se sonrió V. conmigo?
—¡Toma! porque me gustó V. mucho.