—¿Quién está ahí con vosotros?

Los niños respondieron á coro:

—Es Carmen, es Carmen. ¡Uy! ¡uy! ¡uy!

Los chicos lanzaron gritos de dolor. Al parecer, su hermana, poco satisfecha de la sinceridad del coro, les estaba repartiendo sendos pellizcos en las piernas.

—Decidle que se asome para darle las gracias.

—No quiere... no quiere asomarse.

—Pues entonces dadle las gracias en mi nombre.

—Dice que no las merece.

—Dile que siento mucho que no se asome.

—Dice que por qué.