El marinero soltó los remos.

—Ayúdame a echar este bulto al agua.

José acudió a ayudarle; pero deseoso, cada vez más, de descubrir aquel extraño misterio, se atrevió a preguntar sonriendo:

—¿Supongo que no será dinero lo que V. eche al agua, D. Fernando?

Éste, que se hallaba en cuclillas preparándose a levantar el bulto, suspendió de pronto la operación, se puso en pie y dijo:

—No; no es dinero... es algo que vale más que el dinero... Me olvidaba de que tú tienes derecho a saber lo que es, puesto que me has hecho el favor de acompañarme.

—No se lo decía por eso, D. Fernando: a mí no me importa nada lo que hay ahí dentro.

—Desátalo.

—De ningún modo, D. Fernando; yo no quiero que V. piense...

—¡Desátalo, te digo!—repitió el señor de Meira, en un tono que no daba lugar a réplica.