Los que entendieron adónde iba a parar, que eran casi todos, soltaron la carcajada.

—¡No viene! ¡no viene!—dijo Calderón casi ahogado por la risa.

—¿De qué se ríen?—preguntó Pacita por lo bajo a Esperanza.

—No sé—respondió ésta con acento de sinceridad, encogiéndose de hombros.

—De seguro Cobo ha dicho una barbaridad. Se lo preguntaré después a
Julia que no dejará de haberla cogido.

Volvieron ambas la vista hacia la mayor de Alcudia y la vieron inmóvil, rígida, con los ojos bajos como siempre. En el ángulo de sus labios, sin embargo, vagaba una leve sonrisa maliciosa que mostraba que no sin razón la hermanita fiaba en sus profundos conocimientos.

—Hola, Ramoncillo—dijo acercándose a Maldonado y dándole una palmada en la mejilla con familiaridad—. Siempre tan guapote y tan seductor.

Estas palabras fueron dichas en tono entre afectuoso e irónico, que le sentó muy mal al joven.

—No tanto como tú…, pero en fin, vamos tirando—respondió Ramoncito.

—No, no, tú eres más guapo…. Y si no que lo digan estas niñas…. Un poco flacucho estás, sobre todo desde hace una temporada, pero ya doblarás en cuanto se te pase eso.