—Clementina, hasta ahora no le he cogido tras de ninguna mentira. Todo
Madrid sabe que es hombre de mucha suerte con las mujeres.

—¡No sé por qué!—replicó con un mohín de desdén la dama.

—Yo no soy inteligente en la hermosura de los hombres—manifestó el joven riendo su frase—, pero todos dicen que Pepito es guapo.

—¡Ps!… Será según el gusto de cada cual … y que me dispense Pacita, que es su pariente. Yo formo parte de esos todos y no lo digo.

—La verdad es—apuntó Esperancita tímidamente—que Pepito no pasa por feo…. Luego, es muy elegante y distinguido, ¿verdad tú?

Y se dirigió a Pacita, poniéndose al mismo tiempo levemente colorada.

Clementina le dirigió una mirada penetrante que concluyó de ruborizarla.

—¿De qué se habla?—preguntó Cobo Ramírez acercándose al corro.

Casi nunca se sentaba en las tertulias. Le placa andar de grupo en grupo, resollando como un buey, soltando alguna frase atrevida en cada uno. La faz de Ramoncito se nubló al aproximarse su rival. Este no dejó de notarlo y le dirigió una mirada burlona.

—Vamos, Ramoncillo, dí; ¿cómo te arreglas para tener tan animadas a las damas? Me acaba de decir Pepa que vas echando ingenio.