Los chicos sonrieron mirándose con amor.

—Ya jugarán … en los momentos de ocio—manifestó Cobo Ramírez con retintín.

—¡Hombre, ca!—exclamó Pepa, volviéndose furiosa hacia él—. ¿Le han dado a usted cuenta ellos de sus juegos?

Aquél y Emilio cambiaron una mirada maliciosa. Irenita, la joven casada, se ruborizó.

—Te están haciendo vieja, Pepa. Acuérdate que eres abuela—respondió la señora de Calderón.

—¡Qué abuela tan rica!—exclamó por lo bajo Cobo, aunque con la intención de que lo oyese la interesada.

Esta le echó una mirada entre risueña y enojada, demostrando que había oído y lo agradecía en el fondo. Cobo se hizo afectadamente el distraído.

—¿Os ha pasado ya la berrenchina?—siguió la viuda dirigiéndose a sus hijos—. ¿Cuánto durarán las paces?… ¡Jesús, qué criaturas tan picoteras!… Mirad, yo no voy a vuestra casa porque cuando os encuentro con morro me apetece tomar la escoba y romperla en las costillas de los dos….

Los tertulios se volvieron hacia los jóvenes esposos sonriendo. Esta vez se pusieron ambos fuertemente colorados. Después, por la seriedad que quedó bien señalada en el rostro de Emilio, se pudo comprender que no le hacían maldita la gracia aquellas salidas harto desenfadadas de su suegra.

El general Patiño, por orden de la bella señora de la casa, puso el dedo en el botón de un timbre eléctrico. Apareció un criado: le hizo el ama una seña: no se pasaron cinco minutos sin que se presentase nuevamente y en pos de él otros dos con sendas bandejas en las manos colmadas de tazas de te, pastas y bizcochos. Momento de agradable expansión en la tertulia. Todos se ponen en movimiento y brilla en los ojos el placer del animal que va a satisfacer una necesidad orgánica. Esperancita deja apresuradamente a su amiga y a Ramírez y se pone a ayudar con solicitud a su madre en la tarea de servir el te a los tertulios. Ramoncito aprovecha el instante en que la niña le presenta una taza, para decirla en voz baja y alterada "que le sorprende mucho que se complazca en escuchar las patochadas y frases atrevidas de Cobo Ramírez". Esperanza le mira confusa, y al fin dice "que ella no ha oído semejantes patochadas, que Cobo es un chico muy amable y gracioso". Ramoncito protesta con voz débil y lúgubre entonación contra tal especie y persiste en desacreditar a su amigo, hasta que éste, oliendo el torrezno, se acerca a ellos bromeando según costumbre. Con lo cual, a nuestro distinguido concejal se le encapota aún más el rostro y se va retirando poco a poco: no sea que al insolente de Cobo se le ocurra cualquier sandez para hacer reir a su costa.