—A mí no me dice nada…. No sé si a mamá….
—No le dirá, no: ya sabe muy bien dónde pone el pie. ¿Has visto a las de Mariani?
—Sí; hace pocos días, en el Retiro.
—¿No sabes que María se ha echado un novio?
—No me ha dicho nada.
—Sí, de caballería … hijo del brigadier Arcos…. ¡Un tío más desgalichado! Feo no es; pero le tiemblan las piernas cuando anda como si saliese del hospital…. Ya ves, como la mamá es querida del brigadier … todo queda en casa.
—Y tú, ¿sigues con tu primo?
—No te lo puedo decir. El lunes se marchó enfadado y no ha vuelto por casa. Mi primo no es lo que parece; no es una mosquita muerta, sino un pillo muy largo, que si le dan el pie se toma la mano…. ¡Anda! pues si no anduviese yo con ojo, no sé adonde hubiera parado con la marcha que llevaba…. ¿Sabes que estaba empeñado en que le regalase mis ligas?
—¡Jesús!—exclamó la niña de Calderón riendo.
—Lo que oyes, hija…. Por supuesto que yo le puse de sucio y de gorrino que no había por dónde cogerle…. Se marchó muy amoscado, pero ya volverá.