—Nada, nada... Vámonos que se reúne gente.

—¿Se va usted a ir sin sombrero?

—Es verdad... Voy a pedirlo... Aguarda un poco.

Pero en aquel instante salió de una de las ventanas de la casa y voló por el aire el sombrero, cayendo enmedio de la carretera, esto es, cerca de los clérigos. Al mismo tiempo una voz ruda dijo, acompañándolo de varias interjecciones:

—Toma la teja, ladrón. Si vuelves por aquí, te vas sin las orejas.

El P. Norberto se apresuró a recogerla del suelo y echó a andar.

—Pero explíqueme usted...—le dijo el coadjutor juntándose a él y haciendo esfuerzos por seguirle el paso.

—Ya te lo explicaré... Ahí más abajo.

Cuando hubieron salido de la Gusanera, salvado la plaza y entrado en la calle del Cuadrante, D. Norberto acortó un poco el paso. El excusador aprovechó la ocasión para insistir en sus preguntas.

—Vamos a ver, ¿qué le ha pasado a usted?