Me enamoro de la hermana San Sulpicio.
—No será de hierro.
—No, señor.
—¿De madera?
—Tampoco.
—¿De papel?
—No, señor.
Quedeme reflexionando un instante.
—¿Y tiene el mismo calibre que los demás?
Me enamoro de la hermana San Sulpicio.
—No será de hierro.
—No, señor.
—¿De madera?
—Tampoco.
—¿De papel?
—No, señor.
Quedeme reflexionando un instante.
—¿Y tiene el mismo calibre que los demás?