—¡Tiene gracia! ¡Venir á un duelo y salir un casorio!...—Á mí me daba el corazón que los dos se querían...—¡Y á mí!—¡Y á mí!

El señor Rafael, loco de alegría, gritaba:

—¡Vivan los novios! El día que os caséis prometo emborracharme... lo que no hice en los días de la vida.

Y empujando al mismo tiempo á Velázquez contra Mercedes, añadía:

—¡Anda! ¡Abrázala, cobarde!... ¡Hazte cuenta que no somos nadie!

Pepa y Paca alzaban á su vez á Mercedes y la empujaban hacia su novio. Éste la abrazó con efusión.

—Ya no hay viaje, capitán—dijo luego volviéndose al de la corbeta.

—La primera vez que me alegro de separarme de ti, Velázquez—repuso éste estrechándole la mano.

Acometidos de un vértigo, todos hablaban y nadie se entendía. Mas hé aquí que el prudente Frasquito se acerca á Velázquez y le dice misteriosamente:

—Oye, chico, pero ¿vas á perder el dinero del pasaje?