—¿Qué es eso?—dijo éste volviéndose.—¿Tienes miedo? ¡Qué harán entonces aquellos que van por allí!
Y señaló con la mano un punto que apenas se divisaba en el horizonte.
—¿Un barco?—preguntó la joven con ansiedad.
—Sí.
—¡Pobrecitos!
Y añadió al cabo de un instante:
—Pidamos á Dios, Manolo, que los saque de esta noche en paz... Padre nuestro que estás en los cielos...
El caballero de Medina respondió á la oración quitándose el sombrero. Mientras murmuraba el Padre nuestro, su pensamiento cantaba alabanzas á Soledad, «¡Tiene un corazón excelente! El día que adquiera juicio será una mujer adorable.»
Apartáronse del pretil, doblaron la punta de la batería y entraron en los muelles.
—¿Sabes una cosa que estoy pensando, Soledad?