Y en efecto, llevándose el pañuelo a los ojos, ella la primera, con rostro sereno y risueño se mezclaron agrupadas entre la muchedumbre; y las perdí muy pronto de vista.

Notes for "La confesion de un crimen":

  1. [27] Salón del Prado, "the Prado, properly speaking, is a very broad avenue not very long, flanked by minor avenues, which extends to the east of the city, at one side of the famous garden of the Buen Retiro, and is shut in at the two extremities by two enormous stone fountains, the one surmounted by a colossal Cybele, seated upon a shell, and drawn by water-horses; the other by a Neptune of equal size; both of them crowned with copious jets of water, which cross and gracefully fall again with a cheerful murmur. This great avenue, hedged in on the sides by thousands of chairs and hundreds of benches belonging to water and orange-venders, is the most frequented part of the Prado, and is called the salon of the Prado."
  2. [28] Sin que por eso perdiesen de vista un momento, without, on this account, losing sight of for a moment.
  3. [29] Me puse a, I began to.
  4. [30] Como no tenía otra cosa que hacer, as I had nothing else to do.
  5. [31] Me acerqué cuanto pude, I approached as near as I could.
  6. [32] No tardó en romperlo la primera, it was not long before the first one broke it.
  7. [33] Algún día os habías de encontrar, some day you were to meet.
  8. [34] Que debías decírselo todo, that you ought to have told her everything. Note the use of the past tense debías.
  9. [35] Debes decírselo, lit., you ought to tell it to her.
  10. [36] Debió ser, must have been.
  11. [37] El obelisco del Dos de Mayo, above an octagonal granite base of four steps, rises a grand sarcophagus, square in form, covered with inscriptions, coats of arms, and a bas-relief which represents the two Spanish officers killed on the second of May, 1808, in the defense of Artillery Park. On the sarcophagus rises a pedestal in doric style, upon which are four statuettes that symbolize love of country, valor, constancy, and virtue. In the midst of the statues rises a tall obelisk, upon which is written in characters of gold, Dos de Mayo.
  12. [38] Se puso a, began to.
  13. [39] Oí exclamar a Luisa, I heard Luisa exclaim.
  14. [40] Debía de ser, must have been.
  15. [41] Echó una carrerita, advanced a short distance.
  16. [42] Después de cambiadas, after having exchanged.
  17. [43] Echó a correr, started to run.
  18. [44] Que era la que pensaba seguir, which was the one he intended to follow.
  19. [45] A mí me de daba, note the redundant personal pronoun.
  20. [46] De parte de Luisa, que sí, by order of Luisa, yes.
  21. [47] Rompió a sollozar, broke out sobbing.
  22. [48] Sin que por eso perdiesen, without losing on this account.
  23. [49] Enviando cada cual, each one sending.
  24. [50] Debió pasar un soplo de enternecimiento, a wave of tenderness must have passed.
  25. [51] Ni una sola dejó de verter lágrimas, not a single one failed to shed tears.

EL SUEÑO DE UN REO DE MUERTE

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UNA mañana, al salir de casa, hirió mis oídos el repique agudo y estridente de una campanilla. Llevé la mano al sombrero y busqué con la vista al sacerdote portador de la sagrada forma; pero no le vi. En su lugar tropezaron mis ojos con un anciano, vestido de negro, que llevaba colgada al cuello una medalla de plata; a su lado marchaba un hombre con una campanilla en la mano y un cajoncito verde en el cual la mayoría de los transeúntes iban depositando algunas monedas. De vez en cuando se abría con estrépito un balcón, y se veía[52] una mano blanca que arrojaba a la calle algo envuelto en un papel; el hombre de la campanilla se bajaba a cojerlo, arrancaba el papel, y eran también monedas que inmediatamente introducía en el cajoncito verde: cuando levantaba la vista al balcón, estaba ya cerrado. Lo adiviné todo.

Un ligero temblor corrió por todo mi cuerpo, y a toda prisa procuré alejarme de aquella escena. Corrí por la ciudad, haciendo inútiles esfuerzos para no escuchar el tañido de la fatal campanilla, y en todas partes tropezaba con la misma escena. Notaba que los transeúntes se miraban unos a otros con expresión de susto, y se hacían preguntas en tono bajo y misterioso. Algunos chicos, pregoneros de periódicos, chillaban ya desaforadamente: «La Salve que cantan los presos al reo que está en capilla».

Desde que tengo uso de razón he sabido que existe la pena de muerte en nuestro país; y no obstante siempre la he mirado del mismo modo que los autos de fe y el tormento; como una cosa que pertenece a la historia. Esto se explica, atendiendo a que he residido siempre en una provincia donde por fortuna hace ya bastantes años que no se ha aplicado. Conocía algunos detalles de la ejecución de los reos sólo por referencia de los viejos, a los cuales no dejaba de mirar, cuando me lo contaban, con cierta admiración, mezclada de terror.

Recuerdo que en la madrugada de un día de otoño frío y lluvioso, salí de mi pueblo para Madrid. Despedime de mi madre, y turbado y conmovido como nunca lo había estado, bajé a escape la escalera en compañía de mi padre. Ambos marchábamos embozados hasta las cejas, no sé si por miedo al frío o por no vernos las caras. Nuestros pasos resonaban profundamente en las calles solitarias; la luz triste y escasa del día que comenzaba daba cierto aspecto de antorchas funerarias a los faroles que aún se hallaban encendidos,[53] y las casas, dejando caer de sus tejados algunas gotas de lluvia, parecían llorar mi marcha. Al atravesar un campo situado a la salida de la población, me dijo mi padre: «Este es el sitio donde se ajusticiaba a los reos de muerte». Sentí un temblor igual al que corrió por mi cuerpo cuando vi al hombre del cajón verde. ¡Dios mío, qué lejos estaba en aquel momento mi corazón de estas escenas de horror!