—¿Pero qué mil rayos significa?...

—Que se serene usted; las casas no están hipotecadas. Tendrá usted el gusto de arruinarme el día menos pensado—repuso el joven con amarga ironía.

En el semblante de Eguiburu quiso aparecer un amago de sonrisa, pero se borró súbitamente.

—¿Habla usted formalmente?

—Sí, hombre, sí; no tenga usted cuidado alguno.

Entonces la sonrisa que había huído, apareció de nuevo insinuante y benévola en los labios del banquero.

—¡Qué bromista es usted, Sr. de Rivera! Nadie puede saber cuándo habla de veras o de burla.

—Pues entonces hace usted mal en quedarse ahora tranquilo.

Tornó a ponerse serio Eguiburu.

—No, yo no puedo creer que usted se burle de cosas tan...