MERCI, MONSIEUR

No es bueno que el hombre esté solo.
DIOS.

UANDO un hombre habita en un pueblo de provincia y no tiene hijos y goza de algunos medios de fortuna, si hay Exposición Universal en París, ¿qué remedio le queda más que ir?

—¿Supongo, Jiménez, que dará usted una vuelta por la Exposición?

—¿Estará usted preparando la maleta, de seguro?

—¡Qué feliz es usted, don Angel!

—¿Qué me traerá usted de la Exposición, don Angel!