—¿Te ha reñido tu tía?

—No.

Volvió a guardar silencio. Al cabo de un instante, acercando más el rostro, observó que algunas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.

—¿Estás llorando?... ¿Por qué?—preguntó con zozobra.

—No lloro... no es nada—contestó ella levantando hacia él sus ojos sonrientes, pero nublados por las lágrimas.

—Lloras, sí, y quiero saber por qué. Me parece que tengo derecho para ello... si es que me quieres, como dices.

Todavía le costó algún trabajo arrancarle su secreto. Al fin la niña desahogó el pecho oprimido y dijo con voz cortada por los sollozos:

—Hoy han estado en casa Paulina y Segunda y me llevaron a la tienda de Joaquina antes de venir a la novena... y allí comenzaron a burlarse de mí... ¡Me dijeron unas cosas tan malas!

—¿Qué te han dicho?

—Que V. se estaba riendo de mí y sólo aparentaba quererme por divertirse un rato... Que cómo podía figurarme yo que un joven rico y elegante se había de casar conmigo...